Absolum es un proyecto impulsado por Dotemu junto a Guard Crush Games y Supamonks. Poca broma, hablamos de los responsables directos del ‘renacer’ del género con títulos como Streets of Rage 4 o Shredder’s Revenge. Para esta ocasión, sin embargo, se apartan de licencias conocidas para construir un mundo propio. ¿El resultado? Un titulo que bebe de clásicos como Dungeons & Dragons Chronicles of Mystara, pero que encuentra en la estructura roguelite la forma perfecta de mantenerse fresco y sorprendentemente profundo.
El reino de Talamh vive sometido por Azra, el Rey Sol, un tirano que ha esclavizado a los magos y provocado el rechazo de la población hacia cualquiera que utilice cualquier tipo de hechicería. El objetivo inicial es rescatar a Uchawi, la Madre, encarnación de espíritu y naturaleza, y a partir de ahí empiezas a comprender poco a poco su mundo con pequeñas píldoras que recibes en la partida desde distintos personajes secundarios. Nada rompedor, pero sirve de suficiente pretexto para seguir jugando.

La estructura jugable es clara desde el primer minuto. Cada partida comienza en un escenario inicial que funciona como santuario y centro de progresión. Desde ahí elegimos personaje, mejoramos estadísticas permanentes y nos lanzamos a una nueva incursión. Tras cada combate o evento, el juego ofrece elecciones: rituales ligados a afinidades elementales, abalorios que modifican estadísticas o recursos para la progresión permanente. Tras la caída en combate, volvemos al escenario inicial para modificar nuestro equipo y habilidades. Vamos, un roguelite de toda la vida.
Eso sí, la progresión permanente está bien medida. Los cristales que obtenemos permiten mejorar salud, daño, magia o desbloquear nuevas opciones de inicio, pero nunca rompen el equilibrio. Y es por eso que Absolum no se convierte en un paseo tras varias horas; simplemente amplía el margen de error y anima al jugador a experimentar. La dificultad escala de forma inteligente y, aunque llega un punto en el que el dominio del sistema es clave, el juego siempre transmite que el avance depende tanto de la habilidad como de las decisiones tomadas durante cada run.

En lo jugable, Absolum es un beat’em up en estado puro, aunque tiene sus limitaciones. Combos, golpes especiales, agarres, lanzamientos y un ritmo constante de enemigos llenan la pantalla. A esto se suman mecánicas defensivas como esquivas con timing, bloqueos y parrys. No es un machacabotones al uso, cada enemigo requiere de una lectura de sus movimientos para saber cuándo atacar o retroceder. Los jefes, en especial, obligan a dominar los sets de movimientos, ya que resistir a base de golpes básicos rara vez es suficiente.
El desarrollo de la aventura no se apoya únicamente en avanzar hasta el jefe final de cada zona. A lo largo de los tramos intermedios es habitual encontrar misiones secundarias opcionales, eventos y desvíos que no siempre pueden completarse en la primera visita. Estas tareas quedan abiertas para futuros intentos, animándote a volver sobre tus pasos con un objetivo distinto en mente. Este planteamiento aporta variedad al progreso, rompe la linealidad típica del género y consigue que cada partida tenga un propósito más allá de llegar lo más lejos posible.

Para gozo de los completistas, incluso tras terminar la historia principal, el juego sigue ofreciendo retos adicionales que justifican volver una y otra vez. En cooperativo, tanto local como online, la experiencia gana muchísimo, demostrando que Absolum está pensado para disfrutarse acompañado sin perder profundidad.
Visualmente, Absolum es uno de esos títulos que destacan en todos los formatos. El estilo cartoon, con claras influencias del cómic y la animación tradicional es tremendamente atractivo. El mundo de Talamh se siente vivo y coherente, con escenarios detallados y colección de enemigos lo suficientemente variados para no caer en la repetición. Algo clave en dentro de un género como el roguelite. Por otro lado, las animaciones dibujadas a mano son de una fluidez más que notable.

En definitiva, Absolum apuesta por modernizar el beat’em up sin traicionar lo que hace grande al genero. Sigue siendo tremendamente divertido zurrar a los enemigos, encadenar combos y dominar el combate, pero la capa roguelite añade ese punto extra de profundidad que hace que cada partida se sienta distinta. Una demostración clara de que el beat’em up sigue muy vivo y aún tiene margen para sorprender y evolucionar.